El Pinal, Chipinque

 

 

Hoy amanecí con las piernas más a doloridas que nunca. Ya había sentido este dolor antes, sin embargo este sentimiento me traía más relajación que nada. Y quiero explicarles por qué.

 

Todo comenzó cuando mi amiga Claudia, decidió hacer un recorrido al Pinal en el Parque Ecológico Chipinque y terminar con una deliciosa clase de yoga en las alturas. Nos reunimos varias personas a las 6:00 am y juntos subimos hasta ese punto.

 

Eramos un grupo como de 15 personas, la mayoría no nos conocíamos, eso no evitaba sentir la buena vibra y sonrisas por parte de todos. Subiendo la montaña nos topamos con animales y vegetación de todo tipo, mis favoritos, los coatíes, son como osos pequeños muy amigables en busca de comida. Aún siendo animales salvajes, son de las cosas más bellas que he visto en la naturaleza. Árboles gigantescos, flores exóticas, y mucha paz.

 

 

Llegamos al punto más difícil, un tramo de un kilómetro con escaleras hechas simplemente para facilitar un poco la subida. Fue el kilómetro más pesado de todo el viaje.

 

Por fin vi una gran estructura donde era el lugar para hacer la clase y gozar de la vista. Las nubes te acariciaban. Fue así como comenzó la sesión de yoga en las alturas y poco a poco, todo el dolor y cansancio que había sentido se iba desvaneciendo. Era como si las nubes se llevaran el dolor.

 

Fue una práctica suave y perfecta para concluir el día. Tuvimos un poco de tiempo libre para disfrutar y tomar fotografías, otro grupo que también había subido al Pinal se unió a la última parte de la sesión, savasana.

 

 

Esta es la parte más rica de toda la práctica, todos nos recostamos en nuestro mat, y Claudia, con una meditación guiada nos hizo sentir presentes del estar aquí y ahora. No en otro lugar, sin pensar en pendientes, en el pasado, el futuro. Sino en vivir el momento presente, el único que importa.

 

Saben, es natural sufrir un poco en este tipo de recorridos, no es sencillo y más si es tu primera vez. Aún así la satisfacción de conocer personas nuevas que comparten algo contigo es inexplicable. Escuchas risas, historias, energía. Hay algo que la montaña y estar en espacios abiertos te regala, y no solo es paz, sino, es algo tan sencillo que aveces no lo podemos ver. No es una experiencia de subir, bajar y seguir igual. Cada caminata, cada práctica y momento te cambia un poco. La naturaleza tiene una fuerza tremenda en ti.

 

 

Es por eso que mi dolor de piernas hoy, es mucho más delicioso que el dolor de piernas de haber estado una hora en el gimnasio.

 

Lo mejor,

Daniela.